Una sobredosis de Las Pastillas del Abuelo en Carpa Astros

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Txt: Jair Arellano / Fotografía Cortesía: Rock Show Entertainment

Jueves típico de la Ciudad de México, tráfico, aglutinamiento de personas en el transporte público, cielo nublado y una oferta de actividades para quienes gustan salir a divertirse. Por vez primera, el cuarteto español Hinds visitaba la ciudad para ofrecer un show en el Foro Indie Rocks!, en el Teatro Metropólitan, se registraba un nuevo show de Fito Paéz, mientras al sur de la capital, la Carpa Astros atestiguaba el reencuentro entre el público chilango y Las Pastillas del Abuelo, unas semanas después de su presentación como banda invitada en los shows que Los Caligaris ofrecieron en El Plaza.

Aunque no se había anunciado, la banda peruana Zero Balas aparecía sobre el escenario a las 20:00 horas, en primera instancia como un trío que interpretaba un track instrumental, para que luego apareciera el vocalista con una bandera mexicana y empezará a cantar “Abismo“. Una dedicatoria a las personas que lastiman antecedían a “Mi desprecio“, con la que empezaban a conseguir la atención de algunas personas que estaban en el recinto, mientras otros aprovechaban para tomarse fotografías con los integrantes de la banda argentina.

Adicto a tu cuerpo” continuaba el recital, mientras el bajista y el guitarrista arengaban al público a aplaudir y atrás de ellos el vocalista junto al baterista golpeaban la batería. El tema de la friendzone era abordado a través de la canción “Tan cerca y tan lejos“, que conmovía a algunos solitarios, para finalmente concluir su participación con “No vuelvas más“, al tiempo que el cantante presentaba a sus compañeros y regalaba discos. La unión entre el público mexicano y la banda peruana quedaba constatada con el aplauso multitudinario, mientras los músicos mostraban la bandera de su nación unida a la mexicana.

A las 21:00 horas la música de fondo se detenía, lo que motivaba al público a congregarse cerca del escenario, pues Las Pastillas del Abuelo se subían al escenario, mientras el público gritaba con visible emoción.

“Vinimos a presentar “Paradojas” y vamos a empezar con una canción que le hice a mi hija”

Las primeras palabras de Fiti Fernández anticipaban “Milagroso eslabón“, a la que le seguía “Lo que tenga que ser“, también parte del álbum más reciente de la banda. Las palabras de agradecimiento eran respondidas con aplausos, que incrementaban luego de la interpretación de “Tantas escaleras“, que era coreada por la mayoría de los presentes, al tiempo que el saxofón, la armónica y la guitarra sonaban esplendorosas, lo que se repetía durante “Viejo Karma!“.

Un par de canciones del álbum homónimo también se hacían presentes; “Locura y realidad” seguida de “Amar y envejecer“. La intensidad del show parecía estancada incluso cuando sonaba la fatídica “Inercia” y la cursi “Rompecabezas de amor“, con el público entregado y la banda ejecutando con precisión, pero sin una conexión total, lo cual empezaba a cambiar con “Permiso y Prometo“, canción que tomó sentido al ser dedicada a la hija de Fiti.

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¿Qué es Dios?” aparecía luego de la anécdota de la conexión entre la ciudad y la agrupación, para luego dar paso a “Me juego el corazón“. La intensidad del show iba en aumento, el coro crecía durante “Postura“, y para “Enano“, el slam aparecía al centro de la pista. El agradecimiento a Los Caligaris por la invitación para actuar en El Plaza semanas atrás, era completada con “El Ratón“.

“El Piti tiene razón, el Piti tiene razón, esto es una fiesta, la puta madre que lo parió”

El cántico dedicado al vocalista era entonado por casi todos los presentes, que se emocionaban cuando la banda interpretaba “¿Qué pretendo no saber?” y luego “La Creatividad“, en la que hacían una gran participación. Las interrogantes nuevamente surgían durante “¿Qué hago yo esperando un puto as?“, mismas que eran respondidas al sonar la voz.

La noche estaba planeada para finalizar con la romántica “Ojos de dragón“, la cadenciosa “Skalipso” y la filosófica “Otra vuelta de Tuerca“, que iniciaba con Fiti apoyando en la batería, pero ni la banda ni el público estaba preparado para retirarse, pues la lluvia los mantenía cautivos, lo que propiciaba la promesa de no parar la fiesta hasta que la lluvia acabará.

De todas las peticiones, la banda escogía “Lo + fino” para iniciar las complacencias, que continuaban con “La casada“, que era alargada de forma sublime. Algunas solicitudes eran descartadas por falta de ensayo, aunque otras canciones como “Historias” y “El intruso” se hacían presentes.

La lluvia cesaba, pero el público no permitía que la banda se retirará, y entonces el vocalista renovaba el trato, un par de canciones más; iniciando con “El Sensei“, que se volvía un momento irrepetible cuando aparecía un cigarro de marihuana y algunos músicos lo fumaban, provocando el júbilo en el público. Los agradecimientos finales precedían una versión única de “La Pachanga” de Vilma Palma E Vampiros, haciendo una noche irrepetible y de sobredosis de Las Pastillas del Abuelo.

La música siempre estará ahí, para hacerte sentir bien y sobre todo para hacerte sentir mal.

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