Ocho – Pedropiedra

Pedropiedra

Pedropiedra irrumpió en el mercado mexicano en 2009, colocándose a la par de solistas como Javiera Mena y Gepe, convirtiéndose en uno de los referentes de la escena musical chilena, que lo vieron lanzar los álbumes “Cripta y Vida” en 2011 y “Emanuel” en 2013, que no tuvieron la misma repercusión que el disco debut.

A diferencia del proceso que había acostumbrado, tres años tuvieron que suceder para que un nuevo trabajo discográfico de Pedro Subercaseaux García de la Huerta viera la luz. “Ocho” es el título del álbum que cuenta con el mismo número de canciones, editado por Quemasucabeza y que reubica al santiaguino como uno de los músicos más versátiles de la oleada chilena.

La vena latinoamericana y la electrónica global se reencuentran en el disco, lo cual queda demostrado desde “Todos los días“, tema que apertura el álbum, y que se vale de un coro femenino computarizado, para sorprender al oyente, con una base musical repleta de funk acompañada de un lírica con poco sentido literal, pero encaminada a encontrar la libertad personal.

Luego en “Pelusita“, el pop de sintetizadores aparece, como un resumen de las mejores canciones de sus trabajos anteriores, narrando la historia de un personaje que provoca empatía por la forma en que Pedro lo presenta. Para “Lluvia sobre el mar“, la música continúa el mismo tenor ocupado en su predecesora; techno-pop ejecutado de forma magistral, que además se nutre de un silbido contagioso y que  con una letra llena de figuras literarias, marca el estilo del disco.

La cuarta canción en el tracklist es “Rayito / Olita“; un encuentro de música andina, elementos típicos de la electrónica, el sincopeo del reggae y el característico fraseo del rap, que resultan un tema pop infalible tanto en sentido melódico como lírico.

El primer adelanto del álbum fue “La Balada de J. González“, que fue presentado con un año de antelación, y que parecía encaminar a Pedropiedra hacia un disco con una investigación e interpretación más minuciosa y arriesgada, lo cual no ocurrió del todo, pero que quedó plasmado en este track, que además rinde un tributo merecido al líder de Los Prisioneros.

 Con “Era tu vida“, los metales y las cuerdas se tornan protagonistas, descansando por instantes los teclados y sintetizadores, sin una letra definida, como en la mayoría de los tracks del disco. Para “Loco” nuevamente las herramientas musicales relucen, distorsionando la voz de Pedro, que se sobrepone a esa situación casi declamado un poema, acompañado por una melodía simple, que a pesar de ser una buena canción, desentona en un concepto que no termina de cuajar.

El final ocurre con “Matando el tiempo” que reivindica el sonido que se fue diluyendo con el correr de los minutos, recuperando la esencia latinoamericana, con la guitarra acústica guiando el tema, acompañada por una zampoña que engrandece la melodía, complementada por los tintes electrónicos y un nuevo coro femenino.

Los 31 minutos que dura el disco reubican a Pedropiedra como uno de los mejores exponentes de música alternativa de Chile, superando como obra al par de discos anteriores, aunque de nivel inferior a su debut, pues el álbum carece de un concepto definido, siendo más una colección de singles que funcionan mejor cuando se escuchan por separado que como conjunto.

La música siempre estará ahí, para hacerte sentir bien y sobre todo para hacerte sentir mal.

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