Cenizas y Flores – Odio París

Cientos de agrupaciones españolas han encontrado en México un espacio que les ayuda a consolidarse y lograr una carrera sólida, mientras otras bandas no consiguen la repercusión que ameritan, como el caso de Odio París, quinteto catalán que tras cinco años de trabajo, estrenan su segundo álbum de estudio.

“Cenizas y flores” es un disco que se maneja en la misma línea que el álbum debut de la banda, que con diez canciones, puede parecer un estancamiento o puede reafirmar el sonido que la agrupación ha desarrollado.

Los primeros cuatro minutos transcurren con la energía de “Camposanto”, el primer adelanto que la banda lanzó hace unas semanas, con el cual ofrecían una perspectiva del sonido del álbum, pues la atmósfera ruidosa con las guitarras y el teclado protagonizando la melodía, además de un concepto lírico trabajado a conciencia, para adherirse sin complicaciones en el subconsciente.

El segundo track; “El último deshielo” resulta sorpresivo, pues con mayores elementos electrónicos, la canción aumenta la intensidad, a pesar de que la voz no se aprecia de forma nítida, lo cual no le resta mérito, pues hace que la atención se vuelque hacia la música. Luego “En junio” resulta la más clara combinación de influencias, con Los Planetas y The Jesus & Mary Chain como las principales.

“Geometría coaxial”, el segundo single, es una canción que parte el disco, pues es el último tema que se muestra furioso, aunque la lírica es una metáfora estructurada de forma mediana, pero que engancha desde la primera escucha. A partir de “Destellos de ingravidez”, el álbum se torna denso, lento y envolvente, haciendo del sonido algo más personal y auténtico de los barceloneses, destacando el mensaje lírico más que la voz misma.

La segunda mitad del disco empieza con “Cuando despierte tu cabeza”, que es una repetición constante de sonido, al menos durante los primeros dos minutos, situación que se compone luego de breves instantes, para tener un final satisfactorio, retomando el noise. “Rendición” es la canción cumbre del álbum, pues cada uno de los elementos sonoros, logran conjugarse de forma brillante, resultando el track con mayor originalidad.

“Pura culpabilidad” es la muestra del directo de la banda, se percibe la diversión y la soltura de una banda que domina el escenario. Hacia el final del disco se encuentra “Arder y adiós”, una excelsa pista con teclados dominantes, tambores concisos y metáforas construidas para despedirse, utilizando el fuego como elemento purificador.

La última canción; “Voy a salir” es un colofón mediano, pues la lírica no vale la atención, al contrario de la música, finalizando un álbum de grandes canciones, que se ven minimizadas por un par de pistas, lo cual resulta de poco valor, resaltando el hecho de que Odio París vuelve a la carga, para confirmarse como una de las bandas que retoman el sonido de bandas connacionales como Los Planetas, Triángulo de Amor Bizarro y El Columpio Asesino, y además lo moldean a su gusto.

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